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15/12/14

Addat - Estrella - XII

Addat.

Estrella.

Miraba entristecida el recuerdo de mi amado, falleció en accidente de trabajo, murió sin poder susurrarle mis deseos. No se despidió de mí, no pude besarle en aquellos momentos que dejamos escapar sin querernos. Le miraba y me hacía feliz contemplarle, sus manos me acogían y su voz encendía mis sentidos. Ahora se ha escapado a otro lugar del que no volverá nunca, no vendrán sus cálidas caricias. No podré gozarle, atenderle, mimarle, amarle, no aceptaré sus elogios y deseos, no escucharé su corazón cuando despertamos, cuando me recojo en su carne, cuando sólo escucho su pecho.

Una estrella fugaz adelanta mis lágrimas y mi pena se ahonda en mi alma. Se me corta la respiración repitiéndome no respires más, no más... Contuve inhalar de nuevo y pedí mi deseo... "Llévame". Bajé la mirada extasiada y contemplé su figura en el pórtico de entrada, bajo el cartelón que da el nombre a este lugar "Roma". Sonriendo alzó su mano y lanzó su beso final... No se encamina hacia aquí, queda inmóvil mirándome, no vino a por mí.

Un coche fúnebre atravesó la silueta liviana de Jorge y se detuvo a pocos metros de mí. Era demasiado tarde, las dos de la noche, cómo trabajan pensé. Sacaron un ataud y el repetido desfile se introdujo en una de las salas apenas con un ligero murmullo de sus porteadores.

Volví el rostro a la luna llena que coronaba el enorme jardín que me rodeaba y el calor cercano de mi marido se hizo presente, rozó mi mejilla con la palma de su mano y un silencioso "Te quiero mucho" marcó su adiós.

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©2014 Guribundis. 



14/12/14

Addat - Cenizas - XI

Addat.

Cenizas.

Buscando y buscando... cantaba la cabecita de Tom con pequeños saltos, papá... papá... continuaba su canción. Sus ojos contemplaron de repente como dos cachorros felinos cruzaron como un rayo hacia el cobertizo. Continuaron otros tantos gatillos rápidos como el viento y en un segundo un hombre muy mayor con vara en mano y alaridos en la boca entró en el arinconado almacén. Petrificado observó como al entrar en al abandonado barracón los maullidos intensos fueron apagándose tras golpes de mando. El hombre de uniforme salió con una gran bolsa en la mano, pesada, sanguinolenta y se dirigió al crematorio.

Perseguido por el miedo del muchacho entró al incinerador refunfuñando y gritando "Limpia la sangre que derrama esta mierda de morral". Al completo lanzó aquella bola animal al centro de las llamas y el vomito de la chimenea escupió el último grito de diminutas alimañas.

Al salir sus pasos tropezaron con Tom sentando frente a la puerta y la cara tapada inundado en lágrimas. Sin prestar ninguna atención paso por encima con una dulce canción entre los labios. Retiró sus jóvenes manos y la figura translúcida de su padre se hizo patente ante él, delante de la portezuela del crematorio. Lloraba aunque una leve sonrisa ofreció abierta su mano y su hijo levantó de inmediato y alcanzó a rozar la piel invisible que se esfumaba con el viento humeante. Abrió el horno infernal y las devoradoras llamas se postraron ante sus ojos y las figuras felinas invisibles a la vida se alinearon y se alejaron buscando un cruento cobertizo.

Las agrietadas manos de Michael retiraron las cenizas llenando repletos cántaros aportados a familias desconsoladas.

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©2014 Guribundis.

Addat - Humo - X

Addat.

Humo.

Maullidos despertaron sobre la brisa del amanecer, acolchando la hierba mojada. Bigotes sobre colmillos finos, tal que agujas, revolotean sobre ondas que viajan en la neblina y los reclamos reiterados se desvanecen en la lejanía. No aparta su mirada del tejado y la humeante chimenea continúa su baile sordo...

Michael, trabaja duro a diario sin olvidar mantener los mecanismos que permiten que los difuntos pasar a su última metamorfosis en el crematorio "Roma". A veces las pequeñas averías que acontecen desatan terribles crisis y desmontan la rutinaria pasividad del centro. El sufrimiento de las familias al ver como sus seres queridos no marchan se prolonga inesperadamente, si Michael no lo evita, y el dolor se extiende mucho más de lo necesario.

Las horas de retén se suceden a veces en el soporifero olor del dolor, en la vigilancia de la efectividad de las llamas que devoran el ser querido que las familias lloran y que tragan todo el mundo real que se les ofrece.

Michael, en ocasiones agotado, prepara las cenizas en pequeñas vasijas de colores, de tamaños diferentes, elegidas o socorridas. Los años le han llevado al conocimiento de su trabajo y al despiste de la monotonía. Percibe desde hace ya semanas el aumento en el volumen de cenizas con las que llena hermosos recipientes. "No puede ser" se dice arrascándose la frente cuando la gorra deja admirar aquella cabellera pelada que sólo refleja luz de fluorescente.

Se abre la portezuela de la sala donde Michael descansa los ratos perdidos y una voz infantil aparece preguntándole ¿Señor ha visto usted a mi papa? Alto, fuerte, con una sonrisa cristalina y el pelo cano, viste traje negro sabe, además gusta de elevar una rosa en la solapa. Mi hermanito ya no está entre nosotros y papá está muy nervioso y triste. ¿Le ha visto?

No he visto a nadie pequeño, lo siento. Mientras un giro semiautomático de cabeza apunta a una rosa roja tirada frente a la portezuela de los hornos.

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©2014 Guribundis




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