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14/12/14

Addat - Humo - X

Addat.

Humo.

Maullidos despertaron sobre la brisa del amanecer, acolchando la hierba mojada. Bigotes sobre colmillos finos, tal que agujas, revolotean sobre ondas que viajan en la neblina y los reclamos reiterados se desvanecen en la lejanía. No aparta su mirada del tejado y la humeante chimenea continúa su baile sordo...

Michael, trabaja duro a diario sin olvidar mantener los mecanismos que permiten que los difuntos pasar a su última metamorfosis en el crematorio "Roma". A veces las pequeñas averías que acontecen desatan terribles crisis y desmontan la rutinaria pasividad del centro. El sufrimiento de las familias al ver como sus seres queridos no marchan se prolonga inesperadamente, si Michael no lo evita, y el dolor se extiende mucho más de lo necesario.

Las horas de retén se suceden a veces en el soporifero olor del dolor, en la vigilancia de la efectividad de las llamas que devoran el ser querido que las familias lloran y que tragan todo el mundo real que se les ofrece.

Michael, en ocasiones agotado, prepara las cenizas en pequeñas vasijas de colores, de tamaños diferentes, elegidas o socorridas. Los años le han llevado al conocimiento de su trabajo y al despiste de la monotonía. Percibe desde hace ya semanas el aumento en el volumen de cenizas con las que llena hermosos recipientes. "No puede ser" se dice arrascándose la frente cuando la gorra deja admirar aquella cabellera pelada que sólo refleja luz de fluorescente.

Se abre la portezuela de la sala donde Michael descansa los ratos perdidos y una voz infantil aparece preguntándole ¿Señor ha visto usted a mi papa? Alto, fuerte, con una sonrisa cristalina y el pelo cano, viste traje negro sabe, además gusta de elevar una rosa en la solapa. Mi hermanito ya no está entre nosotros y papá está muy nervioso y triste. ¿Le ha visto?

No he visto a nadie pequeño, lo siento. Mientras un giro semiautomático de cabeza apunta a una rosa roja tirada frente a la portezuela de los hornos.

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©2014 Guribundis




12/11/14

Addat - Bolsa - IX

Addat.

Bolsa.

Por el arroyuelo navega sin timón un oscuro bolsón, una última nave para los restos quemados de Tom. No dejaron crepitar sus últimas carnes en la hoguera mortal del tanatorio, irrumpiendo el camino vital del padre que perdió a su hijo, aún presente, y ahora deja al mayor solo.

Una pareja acaramelada bajo la luz tenue de una farola a orillas de un frecuentado arroyo se regocijaba en besos nocturnos... Como cada tarde, como cada aliento que busca su efímera pasión, como cada irrepetible infinito atardecer agolpado de súbitos abrazos. Palabras de ternura entre tu oído y mi corazón, tu sonrisa y mi alma y nuestros ojos entrelazados de nuevo.

Un ruido sordo y abrupto alertó el mundo paralelo de aquellos enamorados. La bolsa enorme y negra que habría recorrido tanto camino llegó a sus pies. Mira que nos remiten las aguas cariño. ¿Otra vez? Delicadamente él abrió el inesperado paquete y el abrazo de ella sobresaltado rodeó la cintura entre lágrimas de terror. ¡Otra vez mi amor!

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©2014 Guribundis

3/11/14

Addat - Barrotes - VIII

Addat.

Barrotes.

Enjaulados sentí mis huesos, por primera vez en la vida traspasaba el umbral de de los barrotes de una cárcel.  Me han detenido sin motivo, me acusan de complicidad en un crimen y sólo soy cómplice de mi vida en pareja, con mi amor, la persona que me entiende, me soporta y me sosiega, no se más del resto del mundo. La sociedad atemoriza a personas de bien cuando no sabe dar una respuesta a desgraciados hechos.

Mi abogado me ha descrito los hechos, como una fila de desorientados sucesos que el destino ha colocado en mi camino. Encontraron un cuerpo en un arroyo, vestía traje con el emblema de la empresa donde trabajo, ¿y qué? Yo limpio suelos, desperdicios, lo que todo el mundo olvida porque ya no lo quiere o son restos de su paso por el dolor soportado en el tanatorio. Yo me ocupo de revisar salas, estoy ahí para que al día siguiente todo esté en orden. Apenas había visto a ese hombre, en alguna ocasión cruce mirada con él. Apenas me dijo alguna vez una frase improvisada, de esas que casi no se piensan y el receptor casi no  escucha. Pero no sé más.

Me encuentro sentada en un asiento compartido con otras tantas personas aquí retenidas, con las que intercambio alguna mirada curiosa que retiro rápidamente. No puedo estar aquí, yo no he hecho nada y no debo permanecer en este sombrío lugar. "Por favor" grito en cuanto pasa algún agente por el borde de mi jaula, estoy temblando, el calor me invade y no puedo detener mi ansía de que alguien me escuche. "Por favor".

Apagan las luces, una leve iluminación sostiene la noche y no puedo pestañear. Tengo miedo, me tiemblan las manos aunque no quiero que se den cuenta estas gentes que dan vueltas a mi alrededor en busca de algo que a cada uno sosiegue. No dejan de dar vueltas y más vueltas, me estoy mareando... Soy inocente. "No tengo que estar aquí". Grito dentro de mi cuerpo para que las únicos oídos que escuchen sea mi propia carne.

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©2014  Guribundis

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