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17/10/14

Tren de mañana.

Tren de Mañana.


Como cada día, viajaba en un vagón destartalado rumbo al centro de Madrid.

Cada tediosa mañana realizaba el trayecto a su oficina, a aquella silla carísima que su jefe no dejaba de recordarle, a aquel teléfono que odiaba contestar, a aquellas paredes sombrías que odiaba recordar.

Agarrado a una de los asideros del tren recorría aquellos kilómetros tan reconocibles para él. Esa madrugada el sol vislumbraba diferente y su arcoíris  bañaba todo el habitáculo mostrando los viajeros como una inerte fotografía.

El tiempo se detuvo un instante y Tom dibujó su sombrero sin pestañear con el dedo índice como acostumbraba. Por un momento, una paz interior inundó su ser de infinito a infinito, suspiró, su mente desechó cualquier atisbo de pensamiento y sólo se dejó llevar por una sensación cálida de introspección.

Entre el barullo se interponían los matutinos rayos solares marcando dos siluetas entre incontables seres grises que los rodeaban. Espalda contra espalda se intuyeron, una mano rozó otra delicada mano que viajaba en el aire, la brillante luz entrelazaba sus dedos.

Ella se dio la vuelta silenciosamente, le miró quedamente a los ojos y sus rojos labios se pronunciaron, perdón, apenas audible se acercaron más y más, Tom en éxtasis apenas podría respirar, perdón repitieron aquella dulce voz y su boca no cejaba de aproximarse muy lentamente. Un suave y cálido beso amaneció y se tornaron en un abrazo que permaneció el resto del viaje, con los labios unidos de pasión y el corazón fundido.

El ruido de los frenos de aquel vagón truncó aquella íntima mañana. Las puertas se abrieron, el caudal de gente abandonaba tras pasos furtivos arrastrando consigo una silueta de tacones altos con rojizos y besados labios, su melena voló sobre la luz ultravioleta que por las ventanas se sumergía.

©2014 Guribundis.

8/2/14

Misiva 32. Duele.

MISIVAS DE UN RECUERDO.


En el lugar dónde esperaremos, 29 de Mayo de 1939.

Querida madre,

Duele... duele más de lo que puedo resistir... No puedo dejar de contemplar sus láminas cristalinas que me miran. Su desdicha disuelve mi esperanza de rozar su piel. Cautiva camina en una hilera de muerte, será ajusticiada por mi pelotón, por mis manos, por mi desdicha. Desde que la encerraron no he pasado un momento sin soñar con ella, con sus besos, con su amor. Sé que no podré ni tan siquiera acercarme a ella hasta que muera, recogeré su cadáver, rozaré su rostro inmóvil y la enviaré al foso de los comunes con mi súplica.

Qué injusta velas la muerte luna que no te escondes, que te resistes ante el astro sol en esta mañana de injusticia. No culminarás el milagro que me permite huir con Laura, si, Laura la libertaria, apresada, condenada y ajusticiada por la espada del vencedor. Si no existe guerra porqué ya no perdón. Si la batalla termina que razón nos da Dios para no germinar la esperanza. Cautiva, mi amor, será a balazos acribillada, a balazos olvidada.

El trueno de mi arma retumba en mis oídos, nuestro corazón estalla en mil astillas clavadas en mis venas, rogando por su dolor que ya no pido más que morir con ella. 

Abrázame Laura.

Soldado Gustavo Fuentes.

13/11/13

Misiva 31. Luz.

 Luz y tu encuentro.
MISIVAS DE UN RECUERDO.

 El puerto hacía tu busqueda, 5 de junio de 1939.



Querida Laura, a cada paso sobre la escalera que asciende al barco un lágrima es derramada por tu madre... sabe, como yo, que es muy posible que no volvamos a vernos. Que no volvamos a verte. Que el beso que nos hemos ofrecido, hace tan poco y hace ya tanto, hacen temblar mis labios.

Es posible que los suspiros de cada noche no recuperen su mirada. Desde la edad de la inocencia no hemos faltado a nuestro íntimo encuentro. Desde que el recuerdo me sostiene, su bello rostro acompaña mis sentimientos.

Tu madre reza por ti a todos los dioses que hayan existido, enaltece todo lo extraordinario que subyace en ti, recuerda toda la sangre derramada por nuestros ancestros... "vuelve a mi ser" ruega. Yo te encontraré en las tierras del odio, aunque muera en la desesperación y la oscuridad. 

Levanto mi paso sobre los sucesivos peldaños, el siguiente más duro que el anterior, más sufrido, soporta mis cansado aunque firme camino levando el ancla de la esperanza, de la luz, del reencuentro. 

Hija mía no te voy a fallar y nuestras manos se agarrarán de nuevo como cuando te llevaba por senderos de nuestro corazón, en tus juegos y tus risas, en tus llantos y tus heridas, por las últimas palabras que tu hijo pueda escuchar de una madre ausente. Por favor, mi niña, espera con la vida en tu mejilla.


Papá.



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