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17/5/12

Misiva 12. La bala en la mano.



MISIVAS DE UN RECUERDO.



                                                                                   Illescas, 15 de Mayo de 1937.     


Att. Alférez Sipos,

Perdóname compañero por no avisarte de otro modo de lo que ha ocurrido. Una parte de esta carta es para mi pobre mujer, ayúdala y dile de tu propia palabra lo que en ésta escribo.

No es posible tanto dolor en lo más profundo de mi existencia, cómo hemos podido fallar en la excelentísima azaña que nos otorgó nuestro estado. Luchamos entre hermanos y ahora para nada. El acuartelamiento está moribundo, han huído la mayoría de nuestros soldados alentados por una mujer, Laura Sanlúcar. Una sola persona ha podido con la voluntad de  nuestros soldados. No puedo entender como lo hemos hecho tan mal, hemos creído que nuestras ordenes bastaban y su coraje sobraba. Han quedado en la guardia algunos oficiales y pocos aislados soldados que por miedo no han secundado la estampida.

No estoy dispuesto a soportar tal vergüenza. Requiero la ayuda de nuestro ejército para apresar y castigar a quienes han olvidado su hombría tras una falda. He perdido la fe en nuestro señor que me ha abandonado, por lo tanto la única obra que me queda es la propia culpa tras mi propia bala, acabará conmigo según redacte este manuscrito de dolor y olvido.

Amada Emi, ya no te volveré a ver, no volveremos a soñar amándonos, no conseguiremos alcanzar la luna con la yema de los dedos mientras el brillo de nuestro lecho ilumina nuestro amor. Te amo, cuánto te amo. No sabes lo que mi deseo te necesita y no conoces lo que sufro al dejarte en esta cruel existencia. No temas por mí, no puedo vivir con la carga del fracaso sobre mis espaldas, pero te amo tanto que me duele soñar sin ti. Tus rizos, tus besos, tus amores... Dios por qué no me has dado luz.

Tengo una bala en mis manos que en breve se alojará en mi cráneo, ruego perdón a todo el amigo y el enemigo de los que no soy digno. Arriba España y nuestro señor.

Perdóname Emi.

Sargento  Antolín Vallejo.

13/5/12

Misiva 11. Frutos de años de amor.


MISIVAS DE UN RECUERDO.



                                                                                   Illescas, 14 de Mayo de 1937.     




Respetado Sargento,

Yo sé bien cómo son los actos malvados de un ser con el que me he obligado a compartir lecho en estos últimos tiempos. Sé que no me respeta, soy digna de la libertad de mis emociones y de los objetivos de mi vida. Todo ha tenido su indeleble marca de la inquietud de búsqueda de un amor que entró dentro de mi ser bien pequeña y hasta el día de hoy se mantiene muy vivo. Crecimos juntos ante la dureza de la vida, siempre contentos porque nos teníamos bien firmes, juntos, siempre amantes. Y ahora ustedes me lo han robado. Tienen a mi marido preso y lo encontraré.

Fruto de años inmensos de amor llegó nuestro hijo Nicolás, le tengo muy lejos. Mis padres y los de mi marido cuidan de él en tierras muy lejanas y seguro que crecerá bien, sin padres pero seguro. Le veré hecho un hombre el día que podamos reunirnos todos de nuevo, cuando por fin encuentre a su padre.

No se preocupe más por el Capitán Granero. Es usted un cobarde Sargento. Ha tenido muchas jornadas para decir y no callar. Y ahora me redacta una misiva que sortea mi mirada lanzándola bajo la puerta. He recogido su nota con las manos llenas de sangre, los ojos sin vida de mi anciano captor miraban al azul del cielo mientras mi baúl se repleta de voluntad.

El cabo Polo está liberado, no se preocupe por él, está bien. Es un joven admirable y yo misma, mientras usted descansa, he reventado el ínfimo cerrojo que le privaba. Me está tan agradecido que ahora mismo partimos de Illescas, sí, me ayudará en la empresa de localizar a la parte de mí que no tengo. Comprende que no seré nunca suya, me ha confesado que está enamorado de ésta que le escribe, me socorrerá en este incierto camino a pesar de no ser correspondido. Se siente muy dolido al sufrir la ira de su propio destacamento, el cuál ha defendido siempre con todo su corazón y que le ha torturado por mirar a una mujer a la que sus vidriosos ojos no pueden escapar. Una mirada no autorizada por parte de un decrépito oficial que la maldad le surge sin esfuerzo.

Le he solventado varios problemas a la vez, no dirá que no pienso en usted. Además conozca que muchos de los soldados que usted gobierna no comparten los motivos de esta desdicha, han visto morir a los que no hace demasiado eran sus propios vecinos. Cómo pueden matar a quién te vio nacer, cómo se puede disparar a quién ruega clemencia. Niños, mujeres y hombres asesinados y olvidados bajo las tierras de odio de ésto que ya no es un país, si no el infierno.


Laura Sanlúcar.

Misiva 10. Atando cabos.


MISIVAS DE UN RECUERDO.


                                                                                   Illescas, 13 de Mayo de 1937.  

Admirada Señora,

No está demás dirigirle algunas palabras para se mantenga al día de los hechos que ocurren en el acuartelamiento de Illescas en el que usted no debiera alojarse. Si puedo ayudarle en su objetivo con el Capitán Granero sabe que mi sala está cerca de la suya. Mi respeto a mi superior me impide tomar obra en su expulsión de nuestro destacamento por intrusa. Sé que nunca me escucharía ese viejo amigo que con los años ha perdido la perspectiva de la realidad en esta batalla.

Estoy muy cansado de apreciar desvaríos y castigos infundados hacia mi tropa. Tengo a uno de mis mejores hombres bajo arresto en el calabozo más inhóspito y acuoso de ésta nuestra casa cuartel. Sufre por el atrevimiento de acercarse a usted con una sonrisa en la cara y una flor en la mano. Siempre ha sido muy tunante aunque es la mejor persona que puede  tener un sargento bajo su mando. Ahora yace en un agujero oscuro donde apenas la luz se infiltra por una rendija y no puedo hacer nada por liberarle, Granero nunca me lo permitiría.

Le escribo para considere una palabra suya en favor del cabo Polo y podemos derogar la condena a la que esta sometido. Además le ruego tape sus gloriosos encantos, somos hombres en los que la patria confía su seguridad y no podemos distraer el objetivo que nos encomienda el país, por el bien de todos nosotros.


Gracias anticipadas por la atención que seguro me obsequiará y conseguiremos entre los dos que el cabo vuelve a realizar sus tareas junto a sus compañeros de batería.

Sargento Antolín Vallejo.

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